Se trata de un sustrato que debería de cumplir con las necesidades mínimas para cualquier planta, y que podemos utilizar para aquellas plantas sin necesidades muy específicas, para mejorar la tierra de un huerto, o como base para elaborar un sustrato que cumpla las necesidades específicas de nuestras plantas.
Bajo esta denominación cada fabricante puede ofrecer una composición distinta, por lo que si cambiamos de marca deberemos volver a evaluar si su composición cumple con nuestros requisitos. Siempre es mejor recurrir a marcas conocidas porque algunos sustratos de baja calidad pueden contener gran cantidad de restos de poda poco compostada.
Componentes habituales de este producto son turbas, fibra de coco, compost vegetal, perlita, abono orgánico, abono mineral, humus de lombriz, extractos de algas… Es importante que nos fijemos en esta composición que debe aparecer en el envase, ya que incluso en la misma marca podemos encontrar variaciones en la composición entre distintos lotes.
Debemos prestar especial atención si en el sustrato vamos a cultivar productos que se vayan a consumir como alimento. La legislación actual determina unos valores máximos tanto en metales, que no han de superarse para lograr la clasificación como Clase A, como en microorganismos, tal como define el anexo VI del Real Decreto 865/2010, de 2 de julio, sobre sustratos de cultivo.Fuentes consultadas:

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Cuéntame cosas